El viernes, cuando esperaba la micro para ir al primer cumpleaños de mi querido sobrino Alfonsito, paso un gentío exigiendo, con carteles y globos, justicia para Sophia, uno de esos globos se soltó, era un globo blanco con alitas, con imaginación parecía un angelito recorriendo la Alameda.
Ese día en la noche viajé a Concepción al entierro de mis abuelos. Cuando iba en el auto con mi hermano y cuñada, comenzamos a hablar de la posibilidad de reincorporar la pena de muerte como sanción para los casos en que se vulnera a los niños. La pretensión que de que el Estado sea una blanca paloma es un supuesto engañoso, y creo que uno debería estar dispuesto a ensuciarse las manos cuando se trata del bien de los niños, que las leyes son instrumentales y que pese a que la pena de muerte es un instrumento escabroso, el Estado debería estar dispuesto a usarlo cuando se trata del bien más preciado, la inocencia de las futuras generaciones. Pese a que siempre había argumentado en contra de la pena de muerte, esta vez, estuve dispuesta a replantearme, pues creo que el dolor infligido a un niño no tiene perdón. O por lo menos eso creía cuando hablaba esa vez en el auto, que era injusto para las madres y familiares del niño abusado, tener que ser ellas las que perdonen, que la justicia debía darle cabida a su rabia, operar con la misma violencia contra el agresor que con la que él había operado en primera instancia.
Ya de vuelta en Santiago, me junté con unos amigos, y surgió el tema a partir de la práctica de la meditación, uno trata de obrar bien, pero la vida te sorprende con agresiones descontroladas en que nuestra desprotección como ciudadanos queda en evidencia ¿Debe el sistema judicial ser compasivo? Conversando, empecé a salir del enceguecimiento del "ojo por ojo", empecé a recordar el argumento "uno no sabe a qué condena a alguien cuando lo condena a la muerte", tampoco sabes por lo que ha tenido que pasar un posible condenado a muerte, como su moral ha sido distorsionada por una seguidilla de injusticias vividas, como su falta de juicio al obrar, no es necesariamente maldad, o si lo fue, una condena a muerte, no le permitirá dimensionar que lo fue.
Es fácil tomar el lugar de la victima en estos caso, y devolver una injusticia con otra injusticia parece una forma de reestablecer el equilibrio alterado, pero abogar por el más débil, significa defender tanto al niño, como al ser humano que fue capaz del horror... La venganza no es buena, mata el alma y la envenena, esa es sabiduría popular.
jueves, 22 de febrero de 2018
jueves, 18 de diciembre de 2014
jueves, 27 de noviembre de 2014
escandalizados por el intercambio de palabras en el hemiciclo
Estoy revisando en el historial de mi navegador donde fue que leí que en
Chile le tenemos miedo al debate, que es uno de los traumas que nos quedó de la
dictadura, pensar que con el enfrentamiento viene automáticamente el uso de la
violencia, el ver en la confrontación algo dañino, que despierta solo pasiones,
que se escapan del dialogo mediado. Creo que lo dijo Mirko Macari en un capítulo de La semana política.
Hoy fue la interpelación del ministro Eyzaguirre en la Cámara de diputados, justo cuando empecé a verlo estaban desalojando la tribuna por sus repetidas interrupciones a gritos. Lo vi leyendo los comentarios de Twitter, que también eran gritos. La queja principal, que todo era un show, que se rebajaba el rol de los honorables al prestarse para ese teatro.
Y sí, claramente fue un teatro y María José Hoffman hizo el loco, centrándose en intereses personales y repitiendo una y otra vez las mismas frases, ud. no escucha, quiero que mire a los ojos, etc. Se notó demasiado la mano de Vasco Moulian, quien días atrás había dicho “la Pepa (la diputada Hoffmann) le va a sacar la mugre en la interpelación”, y ese era el espíritu, dar golpes. En un momento Eyzaguirre contestó que no quisiera deducir que la repetida aseveración de no escuchar es en verdad, que el gobierno no adecua sus objetivos a los de la oposición, pues las elecciones las ganó la presidenta Bachellet y los chilenos votaron por ella y su programa. Un nocaut a mi gusto.
Pero, el momento que creo define al máximo el estado de nuestra democracia fue cuando Patricio Melero, alzó la voz criticando los dichos presidente de la Cámara, Lautaro Carmona, en Twitter, alegando que no está dando garantías de un debate pleno publicando “en la interpelación al ministro Eyzaguirre por diputada de la UDI con abierto propósito mediático de descalificar al Gobierno”. Carmona respondió, que él sí está dando garantías, que los actores de la cámara intervengan el tiempo correspondiente. Luego, la diputada Hoffman hace su siguiente pregunta, que tiene que ver con cómo el ministerio identifica donde está el lucro en la educación, dice que al tratarse de una pregunta compleja, le da el tiempo de dos preguntas, osea 10 minutos. A los 5 minutos de respuesta de Eyzaguirre, el presidente lo hace callar.
Burlarse de este espectáculo es bien fácil, se ofrece la palabra por una catidad minutos, se acomoda la queja a 140 caracteres, pero nadie escucha... Punto para la Pepa.
Hoy fue la interpelación del ministro Eyzaguirre en la Cámara de diputados, justo cuando empecé a verlo estaban desalojando la tribuna por sus repetidas interrupciones a gritos. Lo vi leyendo los comentarios de Twitter, que también eran gritos. La queja principal, que todo era un show, que se rebajaba el rol de los honorables al prestarse para ese teatro.
Y sí, claramente fue un teatro y María José Hoffman hizo el loco, centrándose en intereses personales y repitiendo una y otra vez las mismas frases, ud. no escucha, quiero que mire a los ojos, etc. Se notó demasiado la mano de Vasco Moulian, quien días atrás había dicho “la Pepa (la diputada Hoffmann) le va a sacar la mugre en la interpelación”, y ese era el espíritu, dar golpes. En un momento Eyzaguirre contestó que no quisiera deducir que la repetida aseveración de no escuchar es en verdad, que el gobierno no adecua sus objetivos a los de la oposición, pues las elecciones las ganó la presidenta Bachellet y los chilenos votaron por ella y su programa. Un nocaut a mi gusto.
Pero, el momento que creo define al máximo el estado de nuestra democracia fue cuando Patricio Melero, alzó la voz criticando los dichos presidente de la Cámara, Lautaro Carmona, en Twitter, alegando que no está dando garantías de un debate pleno publicando “en la interpelación al ministro Eyzaguirre por diputada de la UDI con abierto propósito mediático de descalificar al Gobierno”. Carmona respondió, que él sí está dando garantías, que los actores de la cámara intervengan el tiempo correspondiente. Luego, la diputada Hoffman hace su siguiente pregunta, que tiene que ver con cómo el ministerio identifica donde está el lucro en la educación, dice que al tratarse de una pregunta compleja, le da el tiempo de dos preguntas, osea 10 minutos. A los 5 minutos de respuesta de Eyzaguirre, el presidente lo hace callar.
Burlarse de este espectáculo es bien fácil, se ofrece la palabra por una catidad minutos, se acomoda la queja a 140 caracteres, pero nadie escucha... Punto para la Pepa.
miércoles, 13 de agosto de 2014
domingo, 29 de diciembre de 2013
un día político
Termina el año, y comienzan los recuentos, los medios de comunicación empiezan a encumbrar los que fueron los personajes del año, todos los que participaron en el acontecer nacional, que dieron sus opiniones sobre las cosas que hay que cambiar en este país y que en cierta manera gestionan estos cambios. Una se entera de todas estas cosas escuchando la radio y siguiendo cuentas informativas en twitter. He renegado de la televisión y los periódicos, y claramente renegar de estos medios de información me distancia de lo que ocurre. Este año se cumplieron 40 años del golpe militar y hubo elecciones presidenciales, y yo ni me pronuncié.
Recuerdo la noche del 11 de septiembre, estaba sola en el depto en Vicuña Mackenna, veía a los carabineros pasar con sus trajes especiales, pero no parecía haber disturbios. Escuchaba un podcast de la radio universidad de Chile que era una recreación de lo que había pasado hace 40 años, quería darle el peso histórico a un día que parecía solo un día más sin la voz de la opinión pública reproduciéndose una y otra vez en los reportajes televisivos. Pero terminé recluyéndome en la ficción, y como estoy en la misión de ver las películas de Bergman (a quien casi siempre que hablo de él llamo Bergson), puse Shame en YouTube. Los ecos de esta historia con la violencia que marcó el 11 de septiembre me tenían con los ojos muy abiertos y despertaron reflexiones sobre como la violencia de estado corrompe la dignidad humana, de como el mismo ser humano se deja pasar a llevar para resguardarse en un aparato de reglas e imperativos que le aseguran su porción de poder, como el volverse un cínico es el primer paso para pisotear a los demás. Reflexiones que se desvanecieron al quedarme dormida esa noche.
Uno conversa ciertos temas con amigos y va desarrollando su visión de las cosas según estos debates, como nos afecta la vida y como nos informamos. Pero pasa que yo soy muy superficial, que no me valgo de muchas herramientas para comprender la realidad, que prefiero esta distancia de saber a medias lo que pasa, entonces al momento de revelar mi visión de las cosas, tengo una nebulosa. Una nebulosa que me permite desenvolverme día a día sin comprometerme, sin defender el modo de ser que considero ético. Y es que para defender las ideas uno tiene que tener argumentos, ficciones construidas para resguardar un ideal político, un castillo de arena de datos que le da a tu campo de acción cierta realeza. Ficciones que son armas en el combate teórico. Hacerse de esas armas requiere un esfuerzo, son metales pesados que han sido forjados con un fin, aplicar la fuerza cuando nuestro campo de acción se ve amenazado. - Pero son palabras-.
Escucho las noticias y me pregunto ¿acaso es esto importante? Reviso internet y está todo el mundo opinando de lo mismo. Debería importarme, es mi país, y a la larga las discusiones de los senadores, diputados, ministros y toda la fauna política chilena es la que termina definiendo las leyes que rigen nuestra sociedad, mi calidad de vida está demarcada por estas normas que no son otra cosa que el resultado del consenso de estos personajes.
Entonces no que queda otra que empezar con los bocetos, empezar a definir cual será mi arma, constatar lo que me pasa y definir por donde empezar. Pues todas las discusiones que se están llevando a cabo en este momento no se las lleva el viento, sino que son un remolino que le da poder al organismo que somos, un organismo social.
Recuerdo la noche del 11 de septiembre, estaba sola en el depto en Vicuña Mackenna, veía a los carabineros pasar con sus trajes especiales, pero no parecía haber disturbios. Escuchaba un podcast de la radio universidad de Chile que era una recreación de lo que había pasado hace 40 años, quería darle el peso histórico a un día que parecía solo un día más sin la voz de la opinión pública reproduciéndose una y otra vez en los reportajes televisivos. Pero terminé recluyéndome en la ficción, y como estoy en la misión de ver las películas de Bergman (a quien casi siempre que hablo de él llamo Bergson), puse Shame en YouTube. Los ecos de esta historia con la violencia que marcó el 11 de septiembre me tenían con los ojos muy abiertos y despertaron reflexiones sobre como la violencia de estado corrompe la dignidad humana, de como el mismo ser humano se deja pasar a llevar para resguardarse en un aparato de reglas e imperativos que le aseguran su porción de poder, como el volverse un cínico es el primer paso para pisotear a los demás. Reflexiones que se desvanecieron al quedarme dormida esa noche.
Uno conversa ciertos temas con amigos y va desarrollando su visión de las cosas según estos debates, como nos afecta la vida y como nos informamos. Pero pasa que yo soy muy superficial, que no me valgo de muchas herramientas para comprender la realidad, que prefiero esta distancia de saber a medias lo que pasa, entonces al momento de revelar mi visión de las cosas, tengo una nebulosa. Una nebulosa que me permite desenvolverme día a día sin comprometerme, sin defender el modo de ser que considero ético. Y es que para defender las ideas uno tiene que tener argumentos, ficciones construidas para resguardar un ideal político, un castillo de arena de datos que le da a tu campo de acción cierta realeza. Ficciones que son armas en el combate teórico. Hacerse de esas armas requiere un esfuerzo, son metales pesados que han sido forjados con un fin, aplicar la fuerza cuando nuestro campo de acción se ve amenazado. - Pero son palabras-.
Escucho las noticias y me pregunto ¿acaso es esto importante? Reviso internet y está todo el mundo opinando de lo mismo. Debería importarme, es mi país, y a la larga las discusiones de los senadores, diputados, ministros y toda la fauna política chilena es la que termina definiendo las leyes que rigen nuestra sociedad, mi calidad de vida está demarcada por estas normas que no son otra cosa que el resultado del consenso de estos personajes.
Entonces no que queda otra que empezar con los bocetos, empezar a definir cual será mi arma, constatar lo que me pasa y definir por donde empezar. Pues todas las discusiones que se están llevando a cabo en este momento no se las lleva el viento, sino que son un remolino que le da poder al organismo que somos, un organismo social.
miércoles, 13 de noviembre de 2013
ejercitando palabras
Piotr Pavlensky clavó sus testículos en los adoquines de la Plaza Roja para hacer manifiesta la indolencia de la sociedad frente a los cambios políticos cada vez más represivos de Rusia. Esta performance artística se transformó en noticia, y hoy, en un coloquio sobre Estética y Política, no puede evitar sacarla a colación. Y eso que no me gusta hablar en público, pero hay momentos en que se me acelera tanto el corazón por la coherencia que encuentro entre lo que están diciendo y lo que estoy pensando, que tengo que pronunciarme y tratar de articular mis ideas.
"El arte funda la Historia". La tarea política de la poesía en Heidegger y El concepto de "instalación" heideggeriano como práctica política tardíomoderna de las bellas artes fueron los títulos en los que se enmarcó esta equivalencia palabra-pensamiento-intervención. La primera ponencia proponía que el arte entendido como una estética de materia y forma estaba de antemano condenado a la muerte que le atribuyó Hegel, por las mismas limitaciones de esta concepción implica, este autoacabarse es un principio propulsor para sacar al hombre de esta metafísica, y entrar así, a un nuevo campo en el que llevar a cabo el gesto más radical, el de la lucha por la verdad. La segunda ponencia hacía alusión a como una performance es una acción cuajada en la que el ser abandona las maquinaciones modernas para dar cuenta del nihilismo en que los creadores hacen eco de la contingencia política. Y es en este paso, del concebir el arte como una estética al concebirlo como una práctica política, en que la acción de Pavlensky retoma el modo esencial del arte, haciendo del mismo artista, la materia y forma de la expresión, de su propio cuerpo, en el que el Estado ejerce un poder, un campo de batalla donde se hace evidente la violencia contemporánea.
Se habló que la filosofía es en el fondo un gesto de fuerza para abrir un modo de pensar distinto, y que Heidegger al hacer del poeta un héroe político capaz de sentar las bases de una identidad de pueblo, raya en el peligro de hacer de la obra del artista un panfleto para encausar la historia según cierta ideología. La historia sería un suelo de afirmaciones en la que el pueblo se desenvuelve, lo que acontece, se sostiene en una valoración, en una manera de medir la realidad. Y el artista es quien configura esta medida por su capacidad productora de imágenes que esquematizan las manifestaciones del ente. El carácter poético de la imaginación compone el tiempo.
Pero pongamos los pies en la tierra, volvamos a la historia, sucede que estas cosmovisiones se encuentran con otras, y es en ese momento cuando se desencadena la guerra, el combate por la verdad, y se reconoce al enemigo común: la técnica, que ha vulnerado los lazos humanos y ha hecho incluso de la palabra un medio de dominio, la política que no es otra cosa que tratar de imponer una forma de vida, un discurso ético que se repite una y otra vez, que se vuelve parloteo, promesas que no se cumplirán.
¿Qué puede hacer el filósofo entonces? Heidegger, después de la guerra, de la guerra mundial, renuncia a la filosofía como una cosmovisión y la asume como un camino personal, un tipo de existencia seria, que vive propiamente la problematicidad de cada época, es solo la vida la que genera cambios políticos, no el discurso. Es la manera en que nos conducimos y logramos establecer una comunidad en el obrar. Más que gestos, acciones. Eso sería lo que artistas como Piotr Pavlensky buscan recordarnos, nuestro propio cuerpo es el que está puesto en juego en estos tejemanejes del poder. El terrorismo, al fin y al cabo, es el tratar de imponer modos de ser.
"El arte funda la Historia". La tarea política de la poesía en Heidegger y El concepto de "instalación" heideggeriano como práctica política tardíomoderna de las bellas artes fueron los títulos en los que se enmarcó esta equivalencia palabra-pensamiento-intervención. La primera ponencia proponía que el arte entendido como una estética de materia y forma estaba de antemano condenado a la muerte que le atribuyó Hegel, por las mismas limitaciones de esta concepción implica, este autoacabarse es un principio propulsor para sacar al hombre de esta metafísica, y entrar así, a un nuevo campo en el que llevar a cabo el gesto más radical, el de la lucha por la verdad. La segunda ponencia hacía alusión a como una performance es una acción cuajada en la que el ser abandona las maquinaciones modernas para dar cuenta del nihilismo en que los creadores hacen eco de la contingencia política. Y es en este paso, del concebir el arte como una estética al concebirlo como una práctica política, en que la acción de Pavlensky retoma el modo esencial del arte, haciendo del mismo artista, la materia y forma de la expresión, de su propio cuerpo, en el que el Estado ejerce un poder, un campo de batalla donde se hace evidente la violencia contemporánea.
Se habló que la filosofía es en el fondo un gesto de fuerza para abrir un modo de pensar distinto, y que Heidegger al hacer del poeta un héroe político capaz de sentar las bases de una identidad de pueblo, raya en el peligro de hacer de la obra del artista un panfleto para encausar la historia según cierta ideología. La historia sería un suelo de afirmaciones en la que el pueblo se desenvuelve, lo que acontece, se sostiene en una valoración, en una manera de medir la realidad. Y el artista es quien configura esta medida por su capacidad productora de imágenes que esquematizan las manifestaciones del ente. El carácter poético de la imaginación compone el tiempo.
Pero pongamos los pies en la tierra, volvamos a la historia, sucede que estas cosmovisiones se encuentran con otras, y es en ese momento cuando se desencadena la guerra, el combate por la verdad, y se reconoce al enemigo común: la técnica, que ha vulnerado los lazos humanos y ha hecho incluso de la palabra un medio de dominio, la política que no es otra cosa que tratar de imponer una forma de vida, un discurso ético que se repite una y otra vez, que se vuelve parloteo, promesas que no se cumplirán.
¿Qué puede hacer el filósofo entonces? Heidegger, después de la guerra, de la guerra mundial, renuncia a la filosofía como una cosmovisión y la asume como un camino personal, un tipo de existencia seria, que vive propiamente la problematicidad de cada época, es solo la vida la que genera cambios políticos, no el discurso. Es la manera en que nos conducimos y logramos establecer una comunidad en el obrar. Más que gestos, acciones. Eso sería lo que artistas como Piotr Pavlensky buscan recordarnos, nuestro propio cuerpo es el que está puesto en juego en estos tejemanejes del poder. El terrorismo, al fin y al cabo, es el tratar de imponer modos de ser.
miércoles, 11 de septiembre de 2013
sábado, 7 de septiembre de 2013
denuevo
Fui a las charlas abiertas que dio Jean-Louis Déotte en la Facultad de Arte de la Chile. Hace tiempo que no me pasaba que me sentía tan iluminada por las palabras de alguien. Cerró su última exposición diciendo que un buen artista es alguien que porta una cripta, que lleva un semiduelo, que absorbe los muertos, pero no completamente, que mantiene los fantasmas.
Se me ocurrieron tantas cosas mientras caminaba de vuelta a la casa, que dije que volvería a escribir. Lo de ser una cripta dio para que me cambiara el nombre, antes este blog se llamaba "inescrutable", ahora "inescripta", y es que hay palabras que tienen la potencia de configura proyectos.
Déotte habló que lo que define el quehacer público es el aparecer, y como esa posibilidad se distorsiona en los medios digitales, pues todo se vuelve simultáneo. El ser común se configura a partir de ningún aparato otro que los códigos que subyacen en la programación web. Yo estaba fascinada tomando apuntes mientras él hablaba, pero en el momento que cedieron la palabra, no me manifesté, no quise aparecer. Mi única objeción fue el anidar secretamente la idea de volcarme otra vez en lo digital, de hacer de mis pensamientos el objeto de un blog. Opté por la fantasmagoría, el ensueño de las nuevas tecnologías...
De hecho, son estas mismas tecnologías las que me llevaron a la la charla en primer lugar, pues me enteré de ella a través de Twitter y llegué al lugar asesorada por Google Maps. Y puede ser que mi aura esté degradada por mi constante uso de aplicaciones digitales (al nivel que tengo hasta una app para sacar el I Ching), pero siento que no se puede ser purista al respecto. Me quiero instalar en la naturaleza cyborg, un lugar en que esta carencia de estructuras definitorias, es potencial.
Links:
- Canciones motivantes.
- Reseña a ¿Qué es un aparato estético? de Jean-Louis Déotte
- Walter Benjamin y la transformación de nuestra experiencia del mundo
- Manifiesto cyborg
Se me ocurrieron tantas cosas mientras caminaba de vuelta a la casa, que dije que volvería a escribir. Lo de ser una cripta dio para que me cambiara el nombre, antes este blog se llamaba "inescrutable", ahora "inescripta", y es que hay palabras que tienen la potencia de configura proyectos.
Déotte habló que lo que define el quehacer público es el aparecer, y como esa posibilidad se distorsiona en los medios digitales, pues todo se vuelve simultáneo. El ser común se configura a partir de ningún aparato otro que los códigos que subyacen en la programación web. Yo estaba fascinada tomando apuntes mientras él hablaba, pero en el momento que cedieron la palabra, no me manifesté, no quise aparecer. Mi única objeción fue el anidar secretamente la idea de volcarme otra vez en lo digital, de hacer de mis pensamientos el objeto de un blog. Opté por la fantasmagoría, el ensueño de las nuevas tecnologías...
De hecho, son estas mismas tecnologías las que me llevaron a la la charla en primer lugar, pues me enteré de ella a través de Twitter y llegué al lugar asesorada por Google Maps. Y puede ser que mi aura esté degradada por mi constante uso de aplicaciones digitales (al nivel que tengo hasta una app para sacar el I Ching), pero siento que no se puede ser purista al respecto. Me quiero instalar en la naturaleza cyborg, un lugar en que esta carencia de estructuras definitorias, es potencial.
Links:
- Canciones motivantes.
- Reseña a ¿Qué es un aparato estético? de Jean-Louis Déotte
- Walter Benjamin y la transformación de nuestra experiencia del mundo
- Manifiesto cyborg
viernes, 13 de marzo de 2009
comida
haciendo la rutinaria revisión de los titulares de los periódicos on line, llegué a este artículo. coincidencia suficiente para sacar a la luz algo que escribí hace un tiempo.
Hay un sabio proverbio que dice que uno es lo que come, no lo que uno dice, piensa, cree o quiere, sino lo que uno se echa a la boca cuando siente hambre. Materializar de esta forma las dudas existenciales me parece altamente sano, la mejor dieta para una mente que ha empezado ha preocuparse por la presencia de grasas trans en la comida.
Lo que somos estaría entonces condicionado por las elecciones que hicimos al momento de decidir que tendremos en el refrigerador y en la despensa. Se transforma así el momento en que vamos al supermercado en un momento crucial y con una carga ontológica que ya se lo quisiera un encuentro religioso. Son las decisiones que uno toma en el supermercado las que materializan mi personalidad, desde el tipo de cereal que elijo para el desayuno hasta si prefiero la mantequilla a la margarina.
Los gustos que cada uno tiene no son casuales, sino que el resultado de una larga experiencia, y no tienen que ver sólo con los sabores de cada cosa, sino con los recuerdos que cada cosa acarrea o las ideas que sugiere. No estamos hablando de comprar sólo un 'yogurt', sino del producto de una industria que destina gran parte de su energía a consolidar los atributos de un alimento aludiendo más al estilo de vida de cada persona, que a los efectos que el producto pueda tener en nuestra salud. Es así como quien compra un yogurt estaría priorizando lo nutritivo por sobre lo apetitoso, la calidad por sobre lo económico, lo natural por sobre lo químico.
Ahora, estas elecciones están determinadas en gran parte por el poder adquisitivo de cada persona. No podemos desconocer que la mayoría de las cosas que comemos vienen envasadas y para adquirirlas no basta con quererlas, sino que hay que tener el dinero para poder salir del supermercado con una boleta que certifique que ese producto ya es nuestro. Por muy ontológico que sea el tema que nos convoca, vivimos en una sociedad post-industrial capitalista en que las necesidades de las personas, lo que comemos, es un gasto, un lujo al que podemos acceder dependiendo de cuanto dinero destinemos a nuestras necesidades alimenticias.
Comer es participar de este mundo, no por nada una huelga de hambre lo que manifiesta es un desacuerdo profundo con el modo en que están las cosas. Por lo que no es tan frívolo hacer una revisión de lo que comemos y cuales son nuestros hábitos alimenticios al momento de tratar de resolver una duda existencial. Las preocupaciones del hombre conteporáneo están casi todas centradas en el cuerpo, y tomar en serio lo que comemos es enriquecer el día a día, y salir de la rutina cada vez que nos sentamos en la mesa.
Hay un sabio proverbio que dice que uno es lo que come, no lo que uno dice, piensa, cree o quiere, sino lo que uno se echa a la boca cuando siente hambre. Materializar de esta forma las dudas existenciales me parece altamente sano, la mejor dieta para una mente que ha empezado ha preocuparse por la presencia de grasas trans en la comida.
Lo que somos estaría entonces condicionado por las elecciones que hicimos al momento de decidir que tendremos en el refrigerador y en la despensa. Se transforma así el momento en que vamos al supermercado en un momento crucial y con una carga ontológica que ya se lo quisiera un encuentro religioso. Son las decisiones que uno toma en el supermercado las que materializan mi personalidad, desde el tipo de cereal que elijo para el desayuno hasta si prefiero la mantequilla a la margarina.
Los gustos que cada uno tiene no son casuales, sino que el resultado de una larga experiencia, y no tienen que ver sólo con los sabores de cada cosa, sino con los recuerdos que cada cosa acarrea o las ideas que sugiere. No estamos hablando de comprar sólo un 'yogurt', sino del producto de una industria que destina gran parte de su energía a consolidar los atributos de un alimento aludiendo más al estilo de vida de cada persona, que a los efectos que el producto pueda tener en nuestra salud. Es así como quien compra un yogurt estaría priorizando lo nutritivo por sobre lo apetitoso, la calidad por sobre lo económico, lo natural por sobre lo químico.
Ahora, estas elecciones están determinadas en gran parte por el poder adquisitivo de cada persona. No podemos desconocer que la mayoría de las cosas que comemos vienen envasadas y para adquirirlas no basta con quererlas, sino que hay que tener el dinero para poder salir del supermercado con una boleta que certifique que ese producto ya es nuestro. Por muy ontológico que sea el tema que nos convoca, vivimos en una sociedad post-industrial capitalista en que las necesidades de las personas, lo que comemos, es un gasto, un lujo al que podemos acceder dependiendo de cuanto dinero destinemos a nuestras necesidades alimenticias.
Comer es participar de este mundo, no por nada una huelga de hambre lo que manifiesta es un desacuerdo profundo con el modo en que están las cosas. Por lo que no es tan frívolo hacer una revisión de lo que comemos y cuales son nuestros hábitos alimenticios al momento de tratar de resolver una duda existencial. Las preocupaciones del hombre conteporáneo están casi todas centradas en el cuerpo, y tomar en serio lo que comemos es enriquecer el día a día, y salir de la rutina cada vez que nos sentamos en la mesa.
martes, 3 de marzo de 2009
esta no es mi voz
"Por más precauciones que tomemos, no sabemos lo que hacemos. Nunca sabemos por qué hemos vivido. Durante toda nuestra vida, ignoramos por qué hemos sido individuos vivos por el lapso de esta breve duración. Como lectores, ni siquiera sabemos por qué obedecemos a esa necesidad de leer tanto e ignoramos lo que eso significa. Lo ignoramos todo acerca de los signos que les dirigimos a unos seres que no conocemos.
Nadie escucha su propia voz, que es un rostro. Nadie escucha su propio acento, que es un lugar. Nadie escucha la inflexión de su voz, que ofrece la tarjeta de presentación casi japonesa con el signo de pertenencia social al que apela por sus intenciones. Nadie escucha y todos obedecen a ese sonido, a ese acento, a esa inflexión que los guían. Nuestras quejas desenmascaran en nosotros un triste goce. Nuestras protecciones nos acusan. Nuestras fobias cuentan nuestra vida de manera más indecente y más directa que nuestros propios sueños. Nuestra ropa hace detalladamente una lista de nuestros héroes. Nuestros vicios delatan menos el régimen de nuestros placeres que la sombra de nuestros temores. Nuestro cuerpo no es más que el esclavo sometido a todos aquellos con los cuales se ha identificado, es decir, los tiranos familiares, muertos desde hace mucho tiempo, que en la medida que están sepultados tiranizan más intensamente ese cuerpo que han generado, por el deseo que sentimos de repatriarnos en nosotros como unas tumbas. Nuestra apariencia tiende sus cadenas a la dominación errante. Nuestra mirada lo dice todo y los anteojos negros todavía más. La máxima de Descartes, "larvartus prodeo", es una exhortación aún más imposible que la misma sinceridad, que nos resulta imposible a fuerza de ignorancia sobre nosotros mismos; exponer una máscara, en latin una persona, exhibe aún más sobre uno mismo en esa elección que la complejidad immedita. Nadie sabe lo que muestra cuando oculta. Apuleyo pone en escena a un hombre tan desgraciado que estalla en sollozos cuando un amigo le trae el recuerdo de una mujer que lo desea y de la cual tiene miedo. Debido a que cubre con su túnica remendada su cara hinchada de dolor, desnuda el resto de su cuerpo desde el ombligo (umbilico) hasta el bajo cientre (pube).
"Vivir una época -escribió Mishima antes de darse muerte en el trascurso de una singular ceremonia-, es ser incapaz de comprender su estilo. Es imposible desprenderse sin saberlo del propio tiempo, pero no podemos más que ignorar su naturaleza y su función." Los peces no perciben mejor el recipiente que los contiene que la mesa donde esta se apoya.
Yukio Mishima agregó: "La conciencia consiste en no ver que bebemos de un cráneo humano""
Pascal Quignard, Retótica Especuladiva, Editorial El cuenco de Plata, p 66 y 67.
Nadie escucha su propia voz, que es un rostro. Nadie escucha su propio acento, que es un lugar. Nadie escucha la inflexión de su voz, que ofrece la tarjeta de presentación casi japonesa con el signo de pertenencia social al que apela por sus intenciones. Nadie escucha y todos obedecen a ese sonido, a ese acento, a esa inflexión que los guían. Nuestras quejas desenmascaran en nosotros un triste goce. Nuestras protecciones nos acusan. Nuestras fobias cuentan nuestra vida de manera más indecente y más directa que nuestros propios sueños. Nuestra ropa hace detalladamente una lista de nuestros héroes. Nuestros vicios delatan menos el régimen de nuestros placeres que la sombra de nuestros temores. Nuestro cuerpo no es más que el esclavo sometido a todos aquellos con los cuales se ha identificado, es decir, los tiranos familiares, muertos desde hace mucho tiempo, que en la medida que están sepultados tiranizan más intensamente ese cuerpo que han generado, por el deseo que sentimos de repatriarnos en nosotros como unas tumbas. Nuestra apariencia tiende sus cadenas a la dominación errante. Nuestra mirada lo dice todo y los anteojos negros todavía más. La máxima de Descartes, "larvartus prodeo", es una exhortación aún más imposible que la misma sinceridad, que nos resulta imposible a fuerza de ignorancia sobre nosotros mismos; exponer una máscara, en latin una persona, exhibe aún más sobre uno mismo en esa elección que la complejidad immedita. Nadie sabe lo que muestra cuando oculta. Apuleyo pone en escena a un hombre tan desgraciado que estalla en sollozos cuando un amigo le trae el recuerdo de una mujer que lo desea y de la cual tiene miedo. Debido a que cubre con su túnica remendada su cara hinchada de dolor, desnuda el resto de su cuerpo desde el ombligo (umbilico) hasta el bajo cientre (pube).
"Vivir una época -escribió Mishima antes de darse muerte en el trascurso de una singular ceremonia-, es ser incapaz de comprender su estilo. Es imposible desprenderse sin saberlo del propio tiempo, pero no podemos más que ignorar su naturaleza y su función." Los peces no perciben mejor el recipiente que los contiene que la mesa donde esta se apoya.
Yukio Mishima agregó: "La conciencia consiste en no ver que bebemos de un cráneo humano""
Pascal Quignard, Retótica Especuladiva, Editorial El cuenco de Plata, p 66 y 67.
sábado, 12 de enero de 2008
ideologías...
Leí el libro de Lyotard ¿Por qué filosofar?, estuve a punto de no terminarlo, lo había abandonado y no pensé que retomarlo podía marcar alguna diferencia, pero como ya tenía una multa considerable en la biblioteca por este abandono decidí continuar la lectura, y vaya que fue la decisión acertada. Estaba tan entusiasmada leyéndolo que pensaba que todo el mundo tenía que leerlo también, se me ocurrió transcribir algunas partes esclarecedoras, y es algo por el estilo lo que haré ahora... la verdad es que muté la redacción un poco, que por tratarse de unas conferencias (de 1964) tenía algunas partes redundantes, pero el mensaje es el que quería compartir, en este caso el de la última:
La undécima tesis sobre Feuerbach, escrita por Marx hacia 1845, dice: “los filósofos no han hecho sino interpretar el mundo de distintas maneras; se trata de transformarlo”.
La filosofía traslada a un mundo “metafísico” los problemas del mundo real, responde a esta problemática, pero sublimándola en una ideología que no resuelve nada. La filosofía vendría a ser como un sueño que corresponde a las preocupaciones que uno tuvo en el día, pero que no hace nada al respecto, mientras que el “ahora se trata de transformar el mundo” implica que debemos tomar posesión de nosotros mismos no en este mundo separado y desequilibrado del sueño [filosofía], sino a la luz del día, en ese mundo que todos tenemos en común.
El acontecer del mundo muestra que hay en él una aspiración a una realidad distinta. Pero, ¿cuál es el sentido latente de esta realidad, cual es su aspiración, su deseo? Y ¿cómo expresarlo para que pueda actuar, es decir, para que tenga poder, y se lleve a cabo?
Hablar acerca de lo que el mundo necesita, implica en primera medida desenmarcarse de la ideología que ha llevado al mundo a ser lo que es. Una “teoría” en el verdadero sentido de la palabra se arriesga a decir “he aquí lo que pasa, he aquí adonde conduce esto”, y solo por este hecho comienza a organizar el esto; una teoría que manifiesta el deseo que emana de la realidad logra constituirse en acción transformadora.
Mas ¿cómo saber que la lectura que vamos a dar de la realidad es correcta; que la aspiración, la tendencia en la que vamos a apoyar nuestro trabajo transformador, es realmente la aspiración, la tendencia que preocupa efectivamente al mundo?
Si es verdad que el mundo pide ser transformado es porque hay un sentido en la realidad que pide acontecer, pero si es verdad que este sentido pide acontecer, también es verdad que su advenimiento se ve impedido de alguna forma.
La interpretación de la realidad , la comprensión de lo que realmente desea la sociedad, y por lo tanto una teoría revolucionaria, que permita los cambios que el mundo pide, está separada de la practica, pues se encuentra sitiada por las ideas dominantes, que no son más que las ideas de las clases dominantes. La vinculación entre teoría y práctica se ve así expuesta continuamente al desencuentro, pues una teoría que responda a las necesidades transformadoras que el mundo requiere se ve socavada por la ideología dominante que perpetua un orden social a todas luces injusto. La palabra no llega por lo tanto hasta lo que tiene necesidad de ella de una manera directa, sino más bien contradictoria, por medio de una palabra, de una teoría y una organización que está en principio y para comenzar, separada de ese deseo, aislada de las necesidades del mundo, pero que sin embargo se sitúa al unísono de tales carencias, para poder reflejarlas, estamos hablando ni más ni menos que de la filosofía.
Pensar, desde el punto de vista de la acción, no es entrar en lo ya pensado, no es entrar en una articulación ya establecida, repetir esquemas de pensamiento, sino ante todo luchar contra todo lo que impide al deseo tomar la palabra y con la palabra el poder.
Si la pregunta es si sirve de algo filosofar, ya que la filosofía, rigurosamente hablando no conduce a nada, he aquí una respuesta:
no es posible librarse del deseo, de las necesidades, buscando refugio en la acción, porque ésta, lejos de ser un refugio, expondrá más abiertamente la responsabilidad que cada uno tiene de decir lo que hay que decir, de responder al llamado del mundo sobre el cual uno quiere actuar.
No se puede transformar el mundo si no es comprendiéndolo, y la filosofía puede parecer un adorno anquilosado, un pasatiempo de señorita de buena familia (porque no hace aviones supersónicos o porque trabaja en casa y no interesa a casi a nadie); la filosofía puede ser todo eso y lo es realmente: pero es o puede ser también ese momento en que el deseo que está en la realidad viene a si mismo, ese momento en que la carencia que padecemos en tanto individuos o en cuanto a colectividad se nombra y al nombrarse se transforma.
He aquí, pues por qué filosofar: porque existe el deseo, porque hay ausencia en la presencia, muerte en lo vivo; y porque tenemos capacidad para articular lo que aun no está; y también porque existe la alineación, la perdida de lo que se creía conseguido y la escisión entre lo hecho y el hacer, entre lo dicho y el decir, y finalmente porque no podemos evitar esto: atestiguar la presencia de lo que falta con la palabra.
En verdad, ¿Cómo no filosofar?
La undécima tesis sobre Feuerbach, escrita por Marx hacia 1845, dice: “los filósofos no han hecho sino interpretar el mundo de distintas maneras; se trata de transformarlo”.
La filosofía traslada a un mundo “metafísico” los problemas del mundo real, responde a esta problemática, pero sublimándola en una ideología que no resuelve nada. La filosofía vendría a ser como un sueño que corresponde a las preocupaciones que uno tuvo en el día, pero que no hace nada al respecto, mientras que el “ahora se trata de transformar el mundo” implica que debemos tomar posesión de nosotros mismos no en este mundo separado y desequilibrado del sueño [filosofía], sino a la luz del día, en ese mundo que todos tenemos en común.
El acontecer del mundo muestra que hay en él una aspiración a una realidad distinta. Pero, ¿cuál es el sentido latente de esta realidad, cual es su aspiración, su deseo? Y ¿cómo expresarlo para que pueda actuar, es decir, para que tenga poder, y se lleve a cabo?
Hablar acerca de lo que el mundo necesita, implica en primera medida desenmarcarse de la ideología que ha llevado al mundo a ser lo que es. Una “teoría” en el verdadero sentido de la palabra se arriesga a decir “he aquí lo que pasa, he aquí adonde conduce esto”, y solo por este hecho comienza a organizar el esto; una teoría que manifiesta el deseo que emana de la realidad logra constituirse en acción transformadora.
Mas ¿cómo saber que la lectura que vamos a dar de la realidad es correcta; que la aspiración, la tendencia en la que vamos a apoyar nuestro trabajo transformador, es realmente la aspiración, la tendencia que preocupa efectivamente al mundo?
Si es verdad que el mundo pide ser transformado es porque hay un sentido en la realidad que pide acontecer, pero si es verdad que este sentido pide acontecer, también es verdad que su advenimiento se ve impedido de alguna forma.
La interpretación de la realidad , la comprensión de lo que realmente desea la sociedad, y por lo tanto una teoría revolucionaria, que permita los cambios que el mundo pide, está separada de la practica, pues se encuentra sitiada por las ideas dominantes, que no son más que las ideas de las clases dominantes. La vinculación entre teoría y práctica se ve así expuesta continuamente al desencuentro, pues una teoría que responda a las necesidades transformadoras que el mundo requiere se ve socavada por la ideología dominante que perpetua un orden social a todas luces injusto. La palabra no llega por lo tanto hasta lo que tiene necesidad de ella de una manera directa, sino más bien contradictoria, por medio de una palabra, de una teoría y una organización que está en principio y para comenzar, separada de ese deseo, aislada de las necesidades del mundo, pero que sin embargo se sitúa al unísono de tales carencias, para poder reflejarlas, estamos hablando ni más ni menos que de la filosofía.
Pensar, desde el punto de vista de la acción, no es entrar en lo ya pensado, no es entrar en una articulación ya establecida, repetir esquemas de pensamiento, sino ante todo luchar contra todo lo que impide al deseo tomar la palabra y con la palabra el poder.
Si la pregunta es si sirve de algo filosofar, ya que la filosofía, rigurosamente hablando no conduce a nada, he aquí una respuesta:
no es posible librarse del deseo, de las necesidades, buscando refugio en la acción, porque ésta, lejos de ser un refugio, expondrá más abiertamente la responsabilidad que cada uno tiene de decir lo que hay que decir, de responder al llamado del mundo sobre el cual uno quiere actuar.
No se puede transformar el mundo si no es comprendiéndolo, y la filosofía puede parecer un adorno anquilosado, un pasatiempo de señorita de buena familia (porque no hace aviones supersónicos o porque trabaja en casa y no interesa a casi a nadie); la filosofía puede ser todo eso y lo es realmente: pero es o puede ser también ese momento en que el deseo que está en la realidad viene a si mismo, ese momento en que la carencia que padecemos en tanto individuos o en cuanto a colectividad se nombra y al nombrarse se transforma.
He aquí, pues por qué filosofar: porque existe el deseo, porque hay ausencia en la presencia, muerte en lo vivo; y porque tenemos capacidad para articular lo que aun no está; y también porque existe la alineación, la perdida de lo que se creía conseguido y la escisión entre lo hecho y el hacer, entre lo dicho y el decir, y finalmente porque no podemos evitar esto: atestiguar la presencia de lo que falta con la palabra.
En verdad, ¿Cómo no filosofar?
miércoles, 14 de noviembre de 2007
cómico
no sé cuanto tiempo ha pasado desde la entrada anterior, osea, rápidamente podría verificar la fecha, pero estoy apurada en un ciber, y como tengo 20 minuntos de yapa se me ocurre escribir, sólo porque 'nomecentro' iba a dejar un comentario, y con eso que iba a hacer, que no si si fue real% lo que quería hacer, me dijo muchas cosas (omitir un comentario). pero también escribo porque hoy leía unos apuntes sobre fenomenología y me dio risa mi pretensión de llamar 'tiempos y palabras' a este blog, de hecho leía los apuntes porque tenía que hacer un resumen de 2 páginas de sobre lo que leía antes de las 2 de la tarde, estaba bastante complicada con los conceptos , me faltaba tiempo y palabras. pero hubo algo de lo que leí que me iluminó, que sólo una persona que entiende la realidad como un constructo intersubjetivo puede atreverse a cambiarla, entender que la realidad no es más que un consenso, me hizo quitarle seriedad al asunto y querer cambiar algunas cosas... el informe quedo que página y media pero lo envié a tiempo (estoy corta de palabras pero a tiempo).
viernes, 2 de noviembre de 2007
intención
lo más cercano que tengo en este momento es el cuento de un amigo y un diccionario de filosofía en inglés. es lo más cercano en términos de espacio y de pensamiento. hoy leí el cuento y lo dejé en mi velador y recién leía un artículo en el diccionario sobre Kant y su apuesta por el idealismo trascendental y lo dejé al otro lado, en el suelo. estoy acostada escribiendo en el notebook, escribo poco, estoy en lo que Kant llamó la eutanasia de la razón pura, el escepticismo. dudo del contenido de estas palabras, dudo que contengan algo, dudo de la empresa de contener algo en palabras, dudo que mis ideas sean contenido. pero me acuerdo de Descartes y me siento más segura. una tradición del pensamiento se asentó en su máxima ‘pienso, luego existo’, así que no creo que sea muy barsa instalarme en ese principio en este momento... al menos sé que existo, las ideas de las que dudo me dan esta certeza. no puedo ser mal agradecida con ellas, se merecen mi reconocimiento, y que les brinde el tiempo necesario para lograr elucidar a que se refieren y que podrían llegar a significar...
domingo, 24 de septiembre de 2006
corriente
"El espacio se globalizó, necesitamos los puntos de referencia. Google Earth es una solución."
pienso en la cantidad de relatos que hay en internet, en las voces como se diría, y yo que ando disfónica y congestionada por la vida me dispongo a escribir, siendo que mi mayor actividad de estos días es dejar los días pasar, pensar en las cosas que tengo que hacer y tararear esa canción de Nico, These days. ni siquiera estoy leyendo, tengo la novela 'Viaje al fin de la noche' varada en el velador, los apuntes de mis clases amontonándose en el closet... el diario del domingo es la máxima grámatica que me doy el trabajo de asimilar... entonces porqué simplemente no me guardo estas palabras y ahorro ciberespacio, si no tengo ninguna proposición que hacer, para qué continuar enebrando signos...
...porque sí tengo un link: "La comunicación como fascinación"
lunes, 7 de agosto de 2006
inexistente
estuve aquí, pensé en que escribir, de hecho tuve tres comienzos, los cuales, siguiendo la tradición, borré...
el primer comienzo era un rodeo sobre el anonimato, pensaba en mi y en ti, y en qué es lo que gatilla que a veces postiemos... recuerdo la frase 'the inner connection works' que dice el protagonista de 'Extrañas coincidencias' luego de realizar todo tipo de extravagancias para encontrarle sentido a su vida (contratar a unos detectives existenciales está dentro de las extravagancias) llega a la conclusión de que lo importante está en nuestra capacidad de compartir sentimientos y empatizar mutua%... mi divagación no llegó más allá de eso, así que se entiende porque la borré
lo segundo, surgió a partir de una entrevista que vi al filósofo Hubert Dreyfus, que decía que en este mundo globalizado y carente de mayores compromisos, lo importante era que cada uno cree el suyo propio (es el tipo que escribió Abrir nuevos mundos con Fernando Flores y Charles Spinosa), que el sentido se encuentra al tomarse cada uno su papel en serio... si el mundo se traduce simplemente a convenciones sociales, cada uno puede conformar mundos en la medida que creemos convenciones propias y más personas las vayan adoptando... me imagino que es como el cuento que me contaron del rugby, que fue un deporte que inventó un tipo que nunca fue bueno para el futbol, entonces diseño un juego que fuera todo lo contrario. creó su propio mundo, con su propia lógica y hoy el futbol y el rugby conviven sin problemas... puede que mi ejemplo sea burdo, pero el ejemplo que dio Dreyfus en la entrevista fue el de una cena, que cada participante de ella cumplía un rol, y que era la dinámica que se daba entre los comensales la que constituía un mundo
y lo tercero, cuando ya me daba por rendida por mis no concluyentes divagaciones, fue el usufructo de una parte de un poema de mi amigo Manuel Illanes, que venía muy al caso:
"Esto es un falso comienzo. De lo que intento
hablar es de la caída y su silogismo de fuego.
De lo que hablo es de ese molino donde nuestro
grano es macerado, el molino de Cronos.
Balbuceo desde una habitación vacía,
mientras mis amigos duermen borrachos
o copulan desesperados, no lo sé, y Coltrane
sopla un mantra que me reconforta, su plegaria
por los muertos y los vástagos de estas tierras.
Balbuceo mientras fumo el tabaco de la oscuridad
y pienso que mis ideas no existen, o son humaredas
que arrastrara lejos el puelche de los años, más allá
de los valles y las ciudades ardiendo en la sal
de Abisinia."
estuve aquí, pensé en que escribir, de hecho tuve tres comienzos, los cuales, siguiendo la tradición, borré...
el primer comienzo era un rodeo sobre el anonimato, pensaba en mi y en ti, y en qué es lo que gatilla que a veces postiemos... recuerdo la frase 'the inner connection works' que dice el protagonista de 'Extrañas coincidencias' luego de realizar todo tipo de extravagancias para encontrarle sentido a su vida (contratar a unos detectives existenciales está dentro de las extravagancias) llega a la conclusión de que lo importante está en nuestra capacidad de compartir sentimientos y empatizar mutua%... mi divagación no llegó más allá de eso, así que se entiende porque la borré
lo segundo, surgió a partir de una entrevista que vi al filósofo Hubert Dreyfus, que decía que en este mundo globalizado y carente de mayores compromisos, lo importante era que cada uno cree el suyo propio (es el tipo que escribió Abrir nuevos mundos con Fernando Flores y Charles Spinosa), que el sentido se encuentra al tomarse cada uno su papel en serio... si el mundo se traduce simplemente a convenciones sociales, cada uno puede conformar mundos en la medida que creemos convenciones propias y más personas las vayan adoptando... me imagino que es como el cuento que me contaron del rugby, que fue un deporte que inventó un tipo que nunca fue bueno para el futbol, entonces diseño un juego que fuera todo lo contrario. creó su propio mundo, con su propia lógica y hoy el futbol y el rugby conviven sin problemas... puede que mi ejemplo sea burdo, pero el ejemplo que dio Dreyfus en la entrevista fue el de una cena, que cada participante de ella cumplía un rol, y que era la dinámica que se daba entre los comensales la que constituía un mundo
y lo tercero, cuando ya me daba por rendida por mis no concluyentes divagaciones, fue el usufructo de una parte de un poema de mi amigo Manuel Illanes, que venía muy al caso:
"Esto es un falso comienzo. De lo que intento
hablar es de la caída y su silogismo de fuego.
De lo que hablo es de ese molino donde nuestro
grano es macerado, el molino de Cronos.
Balbuceo desde una habitación vacía,
mientras mis amigos duermen borrachos
o copulan desesperados, no lo sé, y Coltrane
sopla un mantra que me reconforta, su plegaria
por los muertos y los vástagos de estas tierras.
Balbuceo mientras fumo el tabaco de la oscuridad
y pienso que mis ideas no existen, o son humaredas
que arrastrara lejos el puelche de los años, más allá
de los valles y las ciudades ardiendo en la sal
de Abisinia."
estuve aquí, pensé en que escribir, de hecho tuve tres comienzos, los cuales, siguiendo la tradición, borré...
jueves, 13 de abril de 2006
optimista
cada vez que pretendo escribir algo acá, me pongo a leer otros blogs, y dejo un borrador... pasan los días, y retomo el borrador, y encuentro que lo que escribí era muy pesimista, y lo borro.
martes, 28 de marzo de 2006
mediatez
me acuerdo que una vez estaba hablando con unos amigos cual era el afán de escribir en un blog cosas que en teoría son privadas... que dónde quedaba el pudor y todo ese cuento... que porqué no simplemente tenía un diario de vida con candado... lo que yo decía es que si uno escribe es porque uno igual quiere que lo lean, que los diarios de vida de antes eran normal% sellados porque se vivía en una sociedad religiosa, entonces, me imagino que todas esas señoritas al escribir sentían esa presencia de Dios que las acompañaba en su discurrir... en cambio hoy, la figura de Dios está jubilada y lo que queda al escribir es esta omnipresencia de la comunidad on-line, que al igual que Dios nos puede juzgar, si bien antes la apuesta era a la trascendencia, hoy plasmamos nuestras experiencias y sentimientos conscientes que la inmediatez explícita puede tener tanta metafísica como la creencia de un Dios...
viernes, 23 de diciembre de 2005
martes, 6 de diciembre de 2005
cables cruzados
la otra vez una amiga hablaba pestes de las instalaciones y la sobrevaloración que tienen en el mundillo intelectual, frente a eso, yo llevé a colación las palabra de un tipo del cual me olvidé el nombre que decía que la función del arte en este mundo globalizado es arqueológica: buscar elementos que definen nuestra manera de ser, sacarlos de su contexto y ponerlos en un lugar en el que sepamos distinguir su singularidad, pues, como andamos tan apresurados por la vida, si no están estos tipos para recordarnos que nuestra cultura es valiosa ¿quién?
entonces, al parecer, se ha producido una conversión, pues el arte se ha transformado es arqueología y crítica, mientras que la calle, los quioscos y sus esquinas en ficción, caminamos por la calle como si lo hicieramos por una irrealidad. 'tener conciencia' parece ser hoy en día ' ser crítico', nuestra realidad parece salida de una pantalla de cine, y nuestro compromiso con ella suele ser la de ser espectadores... andamos como 'actores entisociales' por la vida, improvisamos, pero desconocemos la historia, nuestro parlamento es reaccionario... (entiendo)
sabemos olvidar, lo que, diría Nietzsche, es una cualidad de los individuos joviales y capaces de crear libremente. las consideraciones morales no pueden ser tomadas en cuenta por una mente creadora, atreverse a crear es suspender la memoria, de otra manera, no se puede entender que alguien ose a producir 'arte' en un mundo ya saturado de este 'concepto'.
lo que me inquieta es lo trastocado que están nuestros sentidos:
caminando con una amigo por una calle en Maipú le hago notar que hay un par de zapatillas colgadas en el tendido eléctrico, él me pregunta ¿sabes lo que significa eso? (él trabaja en un colegio de 'alto riesgo'), le digo que no (se me viene a la cabeza la película el Gran Pez y el pueblo encantado en el tiempo en el que sus habitantes tiraban sus zapatos una vez que decidían ser parte de él), y me responde: son una señal de triunfo, cuando asaltan a alguien tiran las zapatillas robadas a los cables, así, después, pueden ufanarse de su hazaña con su pandilla...
entonces, las zapatillas en el tendido eléctrico serían una suerte de instalación marginal que quienes reconocen pueden saborear o aborrecer, y quienes no, simplemente obvían... es delincuencia, es sacar de contexto, es robar accesorios pop para conseguir droga... en cambio las instalaciones contemporáneas toman prestados elementos de la cultura popular, hacen una investigación, se dan el trabajo de recrear una 'realidad', el 'artista' asume su rol de 'copión' y nos presenta su recreación como 'su obra', la que suele dejarnos con una sensación de absurdo o desazón, o sino de 'tomadura de pelo'
¿?
entonces, al parecer, se ha producido una conversión, pues el arte se ha transformado es arqueología y crítica, mientras que la calle, los quioscos y sus esquinas en ficción, caminamos por la calle como si lo hicieramos por una irrealidad. 'tener conciencia' parece ser hoy en día ' ser crítico', nuestra realidad parece salida de una pantalla de cine, y nuestro compromiso con ella suele ser la de ser espectadores... andamos como 'actores entisociales' por la vida, improvisamos, pero desconocemos la historia, nuestro parlamento es reaccionario... (entiendo)
sabemos olvidar, lo que, diría Nietzsche, es una cualidad de los individuos joviales y capaces de crear libremente. las consideraciones morales no pueden ser tomadas en cuenta por una mente creadora, atreverse a crear es suspender la memoria, de otra manera, no se puede entender que alguien ose a producir 'arte' en un mundo ya saturado de este 'concepto'.
lo que me inquieta es lo trastocado que están nuestros sentidos:
caminando con una amigo por una calle en Maipú le hago notar que hay un par de zapatillas colgadas en el tendido eléctrico, él me pregunta ¿sabes lo que significa eso? (él trabaja en un colegio de 'alto riesgo'), le digo que no (se me viene a la cabeza la película el Gran Pez y el pueblo encantado en el tiempo en el que sus habitantes tiraban sus zapatos una vez que decidían ser parte de él), y me responde: son una señal de triunfo, cuando asaltan a alguien tiran las zapatillas robadas a los cables, así, después, pueden ufanarse de su hazaña con su pandilla...
entonces, las zapatillas en el tendido eléctrico serían una suerte de instalación marginal que quienes reconocen pueden saborear o aborrecer, y quienes no, simplemente obvían... es delincuencia, es sacar de contexto, es robar accesorios pop para conseguir droga... en cambio las instalaciones contemporáneas toman prestados elementos de la cultura popular, hacen una investigación, se dan el trabajo de recrear una 'realidad', el 'artista' asume su rol de 'copión' y nos presenta su recreación como 'su obra', la que suele dejarnos con una sensación de absurdo o desazón, o sino de 'tomadura de pelo'
¿?
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